En la Solemnidad del Corpus Christi

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349Estaba próximo a fallecer el marino español Antonio de Oquendo. Pidió que le trajesen un vaso de agua. Aquel día, 7 de junio de 1640, se celebraba la festividad del Corpus Cristi. Por la calle donde vivía ‑moría‑ Oquendo pasaba el Santísimo en procesión.

Oraba el marino con un crucifijo en las manos. Al llevarle el vaso de agua lo derramó lentamente. Con voz débil explicó su acción a quienes le miraban desconcertados:

‑ La sed me devora. Pero quiero ofrecer a Dios el sacrificio de mi último deseo, que era, precisamente, este vaso de agua.

Toda nuestra vida debería ser un brindis en honor de Dios. ¡Ojalá que nuestro último acto no sea otra cosa! Claro que, como no sabemos cuál va a ser el último paso, hay que procurar que cada uno sea eso: un brindis al Señor.

Fuente: Luis Aguirre Prado: Antología de anécdotas.]

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